Con la entrada de los fascistas en Santander en 1937 se produjeron detenciones masivas, llegando a la captura de unos cincuenta mil prisioneros en toda la provincia. En Santander hubo varios campos de concentración: la plaza de toros, los Campos de Fútbol del Sardinero, las Caballerizas del Palacio de la Magdalena y el Seminario de Corbán. Además de los campos de concentración en Laredo, Santoña y Castro Urdiales.
La plaza de toros de Santander se convirtió en un enorme depósito humano integrado en un sistema represivo planificado que combinaba hacinamiento extremo, clasificación de prisioneros y control militar permanente. En el propio ruedo se concentraban miles de detenidos al aire libre, mientras que los tendidos, pasillos interiores, corrales y dependencias auxiliares se utilizaban para encierros diferenciados, interrogatorios y separación de prisioneros según su perfil político, militar o social. Muchos pasaban días o semanas durmiendo directamente sobre el suelo, sin apenas refugio frente a la lluvia o el frío, con raciones mínimas de comida y sin condiciones higiénicas básicas.
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La campa de la Magdalena de Santander también fue un campo de concentración:



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